¿Nos comunicamos?1-3

Cada segundo de nuestros días, todos los días, estamos invadidos de información, cada vez más estamos ávidos de información. Somos emisores y/o receptores activo-pasivos. Estamos en un perenne comunicarnos, por distintos medios, en diversos contextos, con múltiples individuos, enfrentados a una inagotable variedad de criterios. Somos dependientes de la comunicación y se ejerce ignorando la complejidad de su desarrollo, desconociendo por completo que se trata de un proceso.

¿Por qué no me entiendes? ¿Qué hago para que me entiendas? “oye, perdóname, definitivamente pareces una topia, más claro no te lo puedo decir”. Preguntas y expresiones diversas se emplean para manifestar la frustración e incapacidad para comunicarse. Explicación tras explicación sin conocer que el ser humano es subjetivo. Hermanos, nacidos del mismo vientre, formados con idénticos criterios, en el mismo ambiente, parecidos físicamente y con formas de pensar, actuar y proceder absolutamente distintos, con sus matices, pero distintos. Cada cual con su inteligencia, sus dotes, sus capacidades e incluso con sus gustos y preferencias le dan sustento a la forma como procesan un mensaje.

Repasemos con un ejemplo cómo es ese proceso y los elementos que lo integran. Juan es el EMISOR, la fuente desde donde proviene o se inicia la comunicación; emite un MENSAJE, elaborado o no, que guarda una intencionalidad, un fin; es enviado a través de un MEDIO mediante el uso de la voz; dirigido a José, el RECEPTOR, la persona a quien va dirigido el mensaje de Juan. José emitirá una respuesta verbal o no verbal que servirá de REALIMENTACIÓN para  que el proceso de comunicación continúe, bien sea ampliando y/o clarificando la información y con ello la intencionalidad de Juan.

Esta apenas es un tipo de comunicación: la interpersonal. Esa comunicación que a diario practicamos con nuestros más allegados: la pareja, el hijo, la compañera de trabajo, con la que nos despacha el cafecito en la panadería, el mototaxista que nos trae de vuelta a la casa, hasta con el desconocido que nos toca de compañero en la camionetica o autobús y así una larga lista que se acrecienta con el paso de las horas de un día cualquiera de nuestras vidas. Es un proceso incesante. Cada segundo se enriquece con los múltiples mensajes que enviamos y recibimos.

Si pusiéramos atención sólo a los mensajes no verbales que nos envían o los que envían a otros, no nos alcanzaría el tiempo para nada más. Comience a poner en práctica con especial atención, captar en su interlocutor gestos, expresiones, muecas, frentes arrugadas, movimientos de los ojos, de las manos, posturas al estar de pie o sentando, entre otras, para que se dé cuenta que el viejo dicho “un gesto vale más que mil palabras” expresa una absoluta realidad. Se sorprenderá saber que en muchas ocasiones se dice una cosa con las palabras y con los gestos se expresa otra totalmente distinta. Dice una frase anónima “La mayor parte del tiempo no nos comunicamos sólo tomamos turno para hablar”.

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